-...
-Te noto algo callado, parece que ver este cuerpo en particular te afecta bastante.
-Es muy joven. Y esa sonrisa. De alguna forma me llama la atención la causa de su muerte.
-Eso tratamos de averiguar.
-Es como si solo se hubiera apagado de un momento a otro.
-Cuidado, es posible que salpique.
-¿Que es eso?
-¿Adonde?
-Ahí, en el pecho.
-¿Parece un papel, podés leer que dice?
-Está algo desordenado ¿Será su letra?
-Estoy seguro que si, no es la primera vez que veo un caso así. Con el tiempo dejó de sorprenderme.
-Parece una carta.
¿Conocés el concepto de amor de la filosofía? Según este, el amor no es más que el anhelo de poseer algo, y la única forma de poseer algo es conocerlo en profundidad. Es recorrerlo de pies a cabeza conociendo cada rincón oscuro del mismo. Esa definición se aplica perfectamente a lo que siento por vos en este momento. Un deseo de adueñarme de vos, pero no en el sentido común de la palabra. Un deseo de conocerte en cuerpo y alma, hasta la última fibra. Un deseo de conocer cada uno de tus demonios para poder protegerte de ellos; conocer que es eso que te hace llorar cuando estás sola y hacer que se desvanezca. No es mucho lo que pido, solo quiero que te quedes cerca mientras me tomo el tiempo de caminar dentro tuyo. Voy a tener todos tus miedos para que me acompañen mientras lo hago. Quiero que seas mía, para poder hacerte libre.
Voy a recorrer un infierno. El tuyo o el mío. La diferencia es que el mío es más grande y solitario sin vos, y el tuyo es uno que vale la pena recorrer.-Como sospeché, ahora sabemos que lo mató.
-¿Como llegó esa carta a su pecho?
-Veo que aun no lo entendiste. Lo que lo mató no fue que las palabras lleguen a su pecho si no el no dejarlas salir.